París no es la Torre Eiffel, pero sin ella la ciudad no hubiera llegado a ser lo que es. Seamos sinceros: da igual lo que te hayan contado, da igual lo que hayas visto, cuando al salir de la estación de metro de Trocadero giras a la izquierda para enfilar los jardines homónimos que mueren en el Sena, a los pies de tan singular monumento, no puedes sino pararte, respirar hondo y exclamar: “Voilà…”. Impresiona, seduce, inquieta… Es sorprendentemente grande y hermosa.
A los pies de la Torre Eiffel, las 10.000 toneladas de hierro forjado y los 320 metros de altura del coloso parisino se alzan sobre ti imponentes.
Es uno de esos lugares que antes de verlos en persona, uno siente que los conoce a la perfección debido a la familiaridad que producen las miles de imágenes que han pasado por la retina desde todos los ángulos posibles. Pero cuando te enfrentas a ella en persona te das cuenta de que en realidad es mucho más bella e impresionante de lo que nunca te la habías imaginado.
Es la belleza elevada a la categoría de icono. Porque hoy, la Torre Eiffel es realmente un icono. Un icono de París, un icono de Francia, un icono mundial.
Construida por el ingeniero Gustave Eiffel para la Exposición Universal de 1889, que conmemoraba el centenario de la Revolución Francesa, tuvo un arranque dubitativo, lleno críticas y controversias como suele suceder con aquello que se adelanta a una época, que se atreve a innovar, a cambiar, a avanzar… Pero el tiempo le dio una vez más la razón a los valientes.
Durante algo más de 40 años tuvo el honor de ser el edificio más alto del planeta. Hasta que el afán norteamericano por tocar el cielo con la punta de los dedos les llevo a construir otro emblema de la arquitectura: el Chrysler Building de Nueva York, en el corazón de la isla de Manhattan.
Un corazón, al que también está unido la Torre Eiffel. Porque a sus pies, el río Sena avanza en calma entre la historia, la modernidad y la elegancia, por medio de una de las ciudades más bellas del mundo, penetrando directamente y sin paradas, en el corazón de París, en el corazón de Francia.
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Y que agradecida para ser fotografiada…
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