Luces sobre la historia de Roma

La historia de Roma es la historia de la humanidad. Es la historia de los albores de nuestra civilización. Es parte de nuestra propia historia. Una historia con las manos manchadas de sangre que habla de guerras, conquistas, esclavos y grandes circos donde las bestias dispuestas a morir eran de la misma piel que tú y que yo. Y es en el Coliseo Romano donde mejor afloran los recuerdos. Un recinto del tamaño de un gran estadio de fútbol que albergaba a miles de personas ávidas y deseosas de divertirse con la lucha en la arena. Leones contra humanos. Gladiadores contra esclavos. La vida contra la muerte.


Es muy difícil elegir un lugar o un monumento en la ciudad de Roma. Fue el más basto imperio de su época y dejó innumerables reliquias para la historia. Pero quizá el Coliseo sea el que por los hechos que allí se sucedieron el que más impacta en nuestros tiempos.

 

Para que lo entienda quien no lo conoce, el Coliseo viene a ser como el estadio de fútbol de una gran ciudad con capacidad para 50.000 espectadores, al que acudían, no a ver a hombres detrás de una pelota, sino a ver leones detrás de personas. O simplemente peleas a muerte entre grandes luchadores, entre gladiadores.

 

Durante casi 500 años, los romanos disfrutaron de diferentes eventos sobre su arena. No en todos mandaba la sangre, pero para el recuerdo han quedado las más oscuras contiendas.

 

Con los años se convirtió en almacén, en fortaleza e incluso en santuario cristiano. Y con su decadencia, tras la caída del Imperio Romano sus piedras fueron utilizadas para levantar otros edificios de la Ciudad Eterna.

 

Hoy, con sus 3 millones de visitantes al año, es uno de los destinos turísticos más importantes del planeta y en 2007 fue designado como una de las “New 7 Wonders” que buscan conocer esa parte de la historia de la humanidad que tanto a inspirado a escritores y cineastas.

 

Y por las noches, cuando el sol se esconde e inundan las tinieblas, miles de vatios de luz iluminan sus piedras dándole un aire fantasmagórico, una aire de misterio que nos recuerda el verdadero significado de tan bello monumento. Que en su plenitud fue el epicentro de sangrientas y macabras celebraciones y hoy el epicentro de un recuerdo plagado de historia, gloria y fascinación.

 

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